lunes, 2 de junio de 2014

Se me había olvidado andar triste. Debe ser el vino que Carlos y Sara me regalaron y que este lunes bebí y me lo recordó. Dice un poeta, amigo mío, Ricardo Yáñez: La tristeza a nadie le hace mal y vi a la tristeza florecer. Ahorita me acuerdo de algunas escenas por supuesto tristes de mi vida pero que no relataré. Me escurren lágrimas y siento cómo los mocos se me van aflojando, lentos, a lo mejor como mi tristeza que sale como un viejo camión en reversa. Yo soy el Vieneviene. Soy el que le dice a mi tristeza donde acomodarse en un enorme estacionamiento que pudiera ser mi corazón.

Se me había, lo juro, olvidado estar triste. No todo ha de ser felicidad en el amor, me digo,por más Dalai Lama de por medio. Me late que a veces me he tragado sin saboreármela siquiera la imposición de la felicidad y plenitud.  Incluso me atrevo a decir no todo ha de ser embriaguez en la embriaguez. Y también no todo tiene uno que pagarlo, siempre hay o un bono o un pilón, o bonus track, o el regalo de la promoción. Y algo debe traer de bueno esta tristeza o esta felicidad, ahorita no sé distinguir una de la otra. Bienvenida pues la tristeza que decía no tener y mírala, tú que me oyes, yo mismo, florecer.

3 comentarios:

Sgroya P dijo...

Quien ha visto vaciarse todo, casi sabe de qué se llena todo..
Saludos!

Sgroya P dijo...

Cada vez que sientas que la tristeza te persigue, déjala entrar a tu vida, que con ella aprenderás a ser fuerte.
Saludos Sergio!!

Katrina dijo...

Es lindo olvidarse de andar triste a ratos... y luego encontrarse con la tristeza y darnos cuenta que llevábamos ya un rato sin ella.

Saludos

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